La fotografía ha cambiado. En todos los sentidos, hasta en casi todas los aspectos.

Muchos de los cambios no los he visto. Era demasiado joven para trabajar con cámaras de carrete más allá de las fotos que pudiera hacer con mi yashica de carrete que me trajeron los reyes en algún momento.

Juan José Pestaña en acción

Una de mis primeras fotos en este blog… ¡que pequeño!

Yo entre en esto con el digital, y es lo que he conocido. Me parece muy antiguo, o vintage como dirían algunos, eso de tener que revelar las fotografías a partir de químicos en la bañera de casa.

A veces pienso en ello, tiene que ser interesante todo ese proceso “mecánico”, en el que tus movimientos cuentan, y no se puede volver atrás. No hay “Ctrl+Z” ni pestaña de “Historia” como tenemos en Lightroom o en Photoshop.

Más cambios.

Antes para enseñar tu trabajo, tenias que tener una copia física. Uno de esos albúmenes con papel fotográfico, con sus separadores protegiendo las paginas. Como un álbum de boda, pero con tu curro de fotografía deportiva… Suena romántico en mi cabeza.

Ahora, quien más o quien menos, hace una pagina web, un portfolio en linea, ya en WordPress o Flickr, o en la multitud de plataformas que existen, o incluso en su pagina de Facebook, y puede mandárselo a cualquiera.

Es fácil, sencillo y rápido. Pero nos hemos olvidado de una cosa. Las relaciones que antes se generaban con el cliente. Me imagino hablando con el cliente en su casa, o en tu estudio, contándole como hiciste esa, esta o aquella fotografía. Las dificultades que pasaste, la lluvia de ese día o la velocidad de las bicis, o el peligro de cada toma.

Pensarlo, ahora los fotógrafos somos unos seres detrás de un ordenador que proyectan una imagen en sus paginas web o en sus redes sociales. Tenemos la cara que mostremos en nuestra sección de contacto, casi siempre la mejor, o la que una vez tuvimos y ya no tenemos. Al final, no vemos los cambios ni las evoluciones. Ni tampoco vemos a nuestros clientes, solo un correo y una serie de bits…

Quede este manifiesto, como una oda a recuperar las relaciones personales con los clientes. En mirar a los ojos de nuestros clientes para explicarles (que no es lo mismo que justificarles) nuestros precios. En una sonrisa sincera cuando nos acepten el presupuesto. En otra sonrisa cuando nos lo tiren para atrás.

Cambiemos esto, o sigamos igual. ¿Cuál es el futuro de esta (nuestra) profesión?

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